
El brillo del cromo del cabecero de la cama competía con el del espejo del armario; apenas las únicas luces de un cuarto oscuro y misterioso que parecía más bien el decorado de una película ambientada treinta años antes. El crucifijo que presidía la estancia, más que relajar inquietaba.
Linares (Jaén). Mayo de 1990
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pizco -