Mármol
Sobre el mármol de la escalera del palacio rebota el silencio de la ciudad. Sus peldaños comunican el pasado que se mantiene intacto en los edificios con el presente vivo que respira en las calles. FERRARA (Italia)
Sobre el mármol de la escalera del palacio rebota el silencio de la ciudad. Sus peldaños comunican el pasado que se mantiene intacto en los edificios con el presente vivo que respira en las calles.
El sol dibuja dientes de sierra que muerden los escalones.
Casi todas las escaleras son bancos improvisados donde el tiempo puede volverse tan infinito como los peldaños que suben.
En callejones por los que no pasan más que los vecinos el yeso se desconcha de las paredes que olvidaron la última vez que fueron pintadas dejando a la vista tantos estratos como dueños remozaron los muros. A pesar de los años, los escalones rejuvenecen cuando reciben un baño de sol.
Con los ojos puestos en la lectura, la luz del mar entra en la retina de soslayo pero llena de azul la mirada desde la escalera que lleva desde la tierra hasta el agua, desde la realidad a los sueños.
Una gran escalinata espiral se adentra en las entrañas de la tierra a través de un monumental pozo que nos conduce a través de oscuras grutas laberíticas a la luz purificadora. Desde su interior puede sentirse, la magia, el misterio y el poder magnético de un lugar simbólico y escalofriante.
Hay veces que tener un techo bajo el que cobijarse ya es demasiado. A veces se aprovechan los huecos de las piedras, cuando sobran unos céntimos, es posible construir uno de uralita. Hace apenas diez años, en España aún había gente que vivía en lugares así. (No he vuelto desde entonces a Cazorla, no sé si se mantienen estas infraviviendas).
Tan inútil como un presupuesto en un despacho es una bicicleta sin ruedas para una calle sin rampa. Quizá se cansó de subir y bajar y decidió echarse a descansar.
Durante todo un verano, millones de personas se pasaron todo el día yendo y viniendo de aquí para allá, esperando, subiendo, bajando, zizagueando para llegar a alguna parte aunque no supieran muy bien donde ni lo que encontrarían allí. Al fin y al cabo ¿no es eso lo que hacemos durante toda la vida?
Gentes de las provincias próximas acuden cada 24 de Junio a la ermita de San Juan de Xar situada en una cueva natural. Allí lavan sus partes enfermas en alguna de las tres fuentes curativas que hay en su interior. Será por sus aguas o por la paz y el verde que allí se respiran, el efecto de la visita parece ser milagroso e invita a saltar, a correr, a subir las escaleras volando, cargado de energía.
Nada es lo que parece. La perspectiva, la luz... según miremos el entorno percibiremos una u otra cosa y en más de una ocasión lo que estamos seguros de estar viendo resulta ser algo diferente. ¿Qué es esto?
Cuando sube la marea en la playa de San Lorenzo desaparece la arena pero el sol sigue calentando con alegría y sería una pena desperdiciarlo.
There's a lady who's sure all that glitters is gold