Sin curvas
En la naturaleza no hay rectas, quizá por eso las ciudades sean tan feas.
Madrid. Abril de 1985
En la naturaleza no hay rectas, quizá por eso las ciudades sean tan feas.
Madrid. Abril de 1985
Incluso en primavera, hay muchas maneras de ver un árbol, hay muchas maneras de ver la vida. Antes de que el photoshop llegase a nuestras vidas, también era posible expresarlo, aunque fueran necesarias muchas horas respirando los vapores del laboratorio.
Navalcarnero (Madrid). Abril de 1985
¿Grande o pequeño? Según quien lo mire, según desde donde se mire.
Bonsai de Olmo. Madrid. Abril de 1991
Así era el aula donde estudié ¿qué se puede esperar de mí?
Facultad de CC de la información (Madrid). Abril de 1991
Aún quedan muchas palabras guardadas; aún queda mucho por decir.
Si es que tienen que existir las banderas, que sólo tengan que colgarse en los días de fiesta y que puedan lucir siempre flores en vez de crespones.
Cabezón de la Sal (Cantabria). Agosto de 1990.
...
Contra la muerte: VIVE
Las pocas tardes que estoy en casa al atardecer tengo la suerte de gozar de esta visión desde mi ventana.
Rivas Vaciamadrid (Madrid). Enero de 2004
También desde la ventana veo tejados. La realidad es blanca o negra, alegre o triste, bella o fea. Depende hacia donde se mire. Yo he elegido buscar la belleza.
Rivas Vaciamadrid (Madrid). Enero de 2004
Aún le queda mucho camino por delante pero es más fácil cuando en el horizonte permanece el mar.
San Vicente de la Barquera (Cantabria). Agosto de 1990.
La imagen no hace justicia a la realidad. Cuando, después de circular por una retorcida carretera, llegas al alto que da paso al valle se abre un mundo verde y silencioso. Un lugar perdido que parece no existir más que en los sueños. La foto es mala, las palabras peores, sólo estando allí puede entenderse.
Valle de Cabuérniga (Cantabria). Agosto de 1990.
Las rocas se dejan acariciar por el agua que las ama con la fuerza de un adolescente. El viento es testigo de este amor pero falta a los encuentros cuando el sol acude. Entonces yo, recibo sus rayos y me confundo con los pájaros que se esconden en las retamas.
Sierra de Gredos (Ávila). Julio de 1990
Esa hora mágica en que el sol marcha a descansar y se cierra los ojos con el antifaz de las nubes dibujando caprichosas caricaturas en el cielo y pintando de naranja la vida.
Villafranca del Castillo (Madrid). Junio de 1990
Pero hasta de los sueños más dulces despertamos. A veces de manera brusca. Y hasta el vuelo más bello se transforma en un aterrizaje forzoso y para reponerse hay que esperar a los equipos de rescate.
Majadahonda (Madrid). Junio de 1990
Me gusta soñar que vuelo. Tomo carrerilla, me impulso y salto por encima de todo y de todos. Entonces veo desde el cielo la realidad de otro modo. Es una escapatoria única, perfecta. A veces, los sueños se cumplen.
Villafranca del Castillo (Madrid) Junio de 1990
Apenas unos kilómetros más abajo, este río joven, alegre, inocente y fresco se convertirá en un viejo cansado y maltratado por la vida que le dan. Aburrido de contemplar tanto gris a su alrededor caminará sin ganas por la ciudad que lo envuelve y recordará estas piedras con las que jugaba nada más nacer.
La Pedriza (Madrid). Mayo de 1990
Anoche, mi padre estuvo aquí. Tomamos un fino juntos. Mira, esa es su copa, no me he atrevido a moverla. Charlamos de todo lo que habíamos dejado pendiente y escuchamos coplas, Carlos Cano, justo el disco que tú acabas de elegir ¿cómo es posible que cogieras ese y no otro? Al cabo de un rato volvió a marchar aunque sigo notando su presencia. Mi padre murió hace cinco años ¿sabes?
Bar Azul, Almuñecar (Granada). Mayo de 1990
Esta es mi bandera: azul de cielo, esmeralda de mar y verde de campo. Este es mi himno: el aire que suena en mis oídos mientras observo desde la atalaya las fronteras de mi patria: el horizonte que alcanzan a ver mis ojos.
Salobreña (Granada). Mayo de 1990
Granada vive en si misma tan prisionera que sólo tiene salida por las estrellas.
Se puede decir tanto sobre Granada y se han dicho ya tantas palabras bonitas que sólo me atrevo a citar la canción de Carlos Cano.
Granada. Mayo de 1990.